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domingo, 7 de abril de 2024

Y dónde el padre. Andrea Jiménez, Casting Lear

Primer cartel de Casting Lear

 

Seguro que Pinter o Brook habrían abandonado su butaca del Teatro Palacio Valdés, la noche del pasado viernes, tocados como cualquier mortal que ama, aunque sea en una esquina de su corazón, el teatro. Sometidos a una catarsis, a un hecho teatral del que no se sale indemne. Sin paredes, sin restricciones a sentir y acompañar, en una universalidad que nace de la necesidad de contar, de contarse. De adentrarse en "Casting Lear", la apertura a lo grande para el nuevo trimestre de escenAvilés, de la mano de una gran y valiente Andrea Jiménez.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Continente María. Cuando actuar es vivir

 

Melania Cruz                                               Continentemaria.gal

Se hace la oscuridad, envuelve el escenario, la platea. Melania coloca una silla. Se sienta. Sujeta con su mano izquierda un cigarrillo, quizás un Gitanes que cantaría Moustaki. Lo prende con el mechero que guarda en la derecha. Una calada. El cigarrillo. El humo. El silencio. Melania empieza a hablar. Dónde está. Sentada en la penumbra, hay otra mujer. Es Melania. Es María. Se confunden. Las eses tan coruñesas y mitad francesas. Las erres tan francesas y en ella tan gallegas. La voz, música ronca de mil cajetillas, de mil vidas. Quién es quién. Cuánto trabajo hay ahí. Cuánto amor por María. Están las dos… María Casares. Melania Cruz. Continente María.
 

domingo, 30 de enero de 2022

N.E.V.E.R.M.O.R.E. Capitalismo, "Nunca Máis"

 

Foto: grupochevere.eu

 

Nos queda Galicia. Si algo queda de Galicia. Nos queda Galicia en la defensa del teatro como espacio de denuncia y reivindicación, como espacio de lucha, de catarsis con el público. La escena como lección. Cómo sabe Chévere. Da gusto verlos. Los disfruté en una magnífica “Curva España” a pocos metros del escenario; los degusté en esa película tan teatral que es “Eroski paraíso”, y ayer los devoré, apenas a un salto de una inmensa caja escénica del Centro Niemeyer de Avilés que se va despojando de artificios mientras todo en la trama avanza...

Desde Galicia Chévere nos trae la esencia del teatro, vestido de uno de esos acontecimientos históricos que es necesario recordar, que no deberían haber pasado. Y ambos trechos confluyen en N.E.V.E.R.M.O.R.E., porque por supuesto no debemos olvidar el Prestige y su catástrofe, cómo y por qué sucedió, la concatenación de negligencias y los intereses que condujeron al hundimiento del petrolero, y tanto o más importante, el despertar de tantas conciencias dormidas que como un martillo golpeó Nunca Máis, para que nada de aquello vuelva a repetirse.

 

domingo, 12 de marzo de 2017

Clase magistral. 'Malvados de oro'.

Daniel Albaladejo. Foto: www.apatateatro.com

¿Cómo no verse como un privilegiado pudiendo situarse a dos metros de un actor y sentir su interpretación a flor de piel, mirarle directamente a los ojos? La sensación se multiplica cuando frente a nosotros se encuentra un intérprete de los tocados con el don de la transmutación. Con esa capacidad única de poseer, de hacer propio un personaje con la naturalidad de quien se viste un traje. Y con esa misma facilidad cambiárselo, ponerse otro, para vivir no una, sino un puñado de vidas en apenas un lapso de tiempo. Sin notar el cambio y ver, cada una de las veces, a alguien distinto, con una personalidad propia. Los tópicos nos prestarían términos como camaleónico o poliédrico, para definir el trabajo de Daniel Albaladejo en Malvados de oro. Un actor de anchas espaldas, capaz de soportar sobre ellas, con firmeza, sin doblegarse, los personajes de mayor peso, darles vida, hacernos, al público, vivirlos con él. Ayer lo demostró una vez más, superlativo, en la Sala Club del Centro Niemeyer. En una obra, un monólogo plural, dirigida por José Bornás, y con texto de Jesús Laiz, en la que Albaladejo da vida a algunos de los malos más despiadados de la literatura dramática española del Siglo de Oro. Seres sin empatía, amorales, sí, pero Albaladejo logra lo imposible: nos subyuguen, nos atraigan.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Un torbellino sobre las tablas. 'Yo, Feuerbach'.

Pedro Casablanc. Foto: jordicasanovas.net
Un olvidado actor de verborrea torrencial, descontrolada, hemorrágica. Un joven ayudante de dirección, aprendiz inseguro, subalterno orgulloso. Con estas premisas, prepárense para un duelo sobre las tablas que se revelará apasionante, entre un veterano situado en el Olimpo por talento y sabiduría, y un joven antagonista que levanta firme el vuelo. Entre un Pedro Casablanc curtido y victorioso en mil batallas, y un Samuel Viyuela que acepta el reto de plantarle réplica al gigante y sale fortalecido tras aguantarle airoso el tipo, el cuerpo a cuerpo. Predicciones y certezas certificadas tras disfrutar de 'Yo, Feuerbach' (pronúnciese foyerbaj). Una reflexión sobre la profesión de actor. Sobre el oficio, pero también un repaso al correr del tiempo y sus consecuencias, el mercado actoral, por qué no, el laboral, las insondables diferencias generacionales, en apariencia insalvables... En apariencia. El dramaturgo y director Jordi Casanovas ha adaptado el texto de Tankred Dorst, y Antonio Simón, dirige. 
 

sábado, 29 de octubre de 2016

De dignidad y escrúpulos. El jurado.



Seis meses dan para mucho. Medio año vuela, y la vida puede desplegarse en un vórtice de novedades... Seis meses sin teatro, desde la maravillosa y entrañable 'El padre'. Y regresar. Por fin. Y por primera vez en mi vida solo, gracias a un inesperado regalo: una entrada para asistir a uno de los éxitos de la temporada, 'El jurado', producido por Avanti Teatro, en un giro temático radical con respecto a su predecesora en las entradas de esta bitácora. Ocasión de disfrutar con buenos y conocidos actores, a las órdenes de uno de los directores más afortunadamente activos y reconocidos, Andrés Lima, y frente a un tema que no puede ser más candente: el retrato, un juicio a la corrupción. Esa que destapó la crisis, cuando dejó de haber reparto, con el dinero de todos, para tanto “qué hay de lo mío”, y las miserias, la basura, comenzó a desbordar las alcantarillas. Una radiografía a esa sociedad que la acogió, miró para otro lado cuando una parte se lucraba a su costa (entre la ignorancia y la indiferencia). Una sociedad que la sufrió y la sufre, mientras algunos desde las alturas tratan de difuminarla y sigue presente. Omnipresente. Un retrato de los escrúpulos, o su ausencia. De una dignidad que se alza sobre la podredumbre cuando esta parece enfangarlo todo y a todos. 

sábado, 23 de abril de 2016

El padre. La vida, esa enemiga que se escapa, como mariposas al vuelo...



Los hábitos permiten mantener la cordura en nuestra caótica existencia. Más allá de las aburridas rutinas, ciertas costumbres ayudan a adquirir la coherencia del día a día, a centrarse. Y aunque parezca un contrasentido, a evadirse y dar rienda suelta a los sueños. Como el ritual del teatro, pasado por mi parte a un segundo plano en los últimos meses; y el de la escritura, arrinconado a la par. Antes simbióticos, y por un tiempo desconectados, por fin, han confluido en un cruce al que condujeron caminos sin rumbo aparente. Lo ha conseguido un formidable drama, de los que encogen el corazón y sobrecogen el alma; con espacios de distensión para la risa sobrepuesta a la amargura, momentos para el despiste y la intriga, y por encima de todo, actores que dan vida a la obra en toda su complejidad. Lo ha logrado “El padre” que ayer se estrenó en Avilés para toda España. Un texto de Florian Zeller que está triunfando en un buen número de países. La dirige José Carlos Plaza y gira alrededor de Héctor Alterio (Andrés), el padre del título, a quien da incansable réplica Ana Labordeta (Ana) y el resto del elenco: Zaira Montes (Laura), María González (mujer), Miguel Hermoso (hombre) y Luis Rallo (Pedro). Y ofrece una dosis en vena del mejor teatro contemporáneo, teñido de realidad, producido por Pentación.


sábado, 20 de junio de 2015

Ilusión, fragilidad, derrota: El zoo de cristal



Decir Tennessee Williams es decir teatro, y en una subsidiaria mágica, cine. Su nombre genera sonoros ecos clásicos. Su obra, arte con mayúsculas. Brando, Newman, Leigh, Woodward, Kazan... Grandes entre los grandes vestidos y vestidores de personajes ya míticos en el mundo de la interpretación, surgidos de las vivencias, la experiencia vital del dramaturgo que, quizás junto a Arthur Miller, mejor ha retratado la sociedad estadounidense del segundo tercio del siglo pasado. Perdedores. Individuos, viejos y jóvenes, a los que la vida ha echado a un lado casi sin percatarse, apartados, sobrantes. Enormes en su fragilidad, indómitos en su profunda sumisión a un sistema que los atenaza sin notar que sus sueños vuelan precipitados hacia el barranco. Ilusos mientras mantienen la esperanza de un cambio, ese golpe de suerte que no llega. Derrotados. Locos. Vivos. He leído o escuchado hace poco -da igual-, que Williams es uno de los autores más representados en España. Quizás quien lo dice diluye una valoración peyorativa en esa afirmación. Allá el que sea, si piensa de esa manera: que no cuente conmigo para afianzarla. Solo sé que el Centro Niemeyer de Avilés programó ayer “El zoo de cristal”. Y que un buen amante de la dramaturgia, ante la resonancia del maestro de Missisipí, no solo no podría negarse, sino que su deber es gritar un rotundo “¡no me la pierdo!” A ello empujaba con fuerza el cartel, presidido por una inmensa Silvia Marsó en el papel de la matriarca Amanda, acompañada por unos compañeros a la misma altura (lo podrá certificar quien sabiamente decida disfrutar de la función, y aún podrá hacerlo desde el 24 de junio en el teatro Bellas Artes de Madrid), como un fascinante Tom, su hijo, en la piel de Alejandro Aréstegui que jugaba en casa (avilesino); una Laura, su hija, interpretada por Pilar Gil con sutil sensibilidad; y con Carlos García Cortázar como un Jim con alguna que otra vuelta. Qué buena decisión.

sábado, 11 de abril de 2015

Adentro, "los que ya no están, nunca se van del todo"




Los sentimientos se desatan. Las sensaciones brotan a flor de piel. ¿Cómo conseguirlo, cómo despertarlos sin caer en sentimentalismos, sin recurrir a lo fácil. El camino más complicado se envuelve en la apariencia de la sencillez. Se aleja de lo simple, sin artificios ni trucos; enarbola el estandarte de la verdad, de lo veraz. La pasión, el orgullo, tejer con cariño, manos sabias y capaces, apoyarse en trabajadores de primer nivel, dar vida al universo infinito que se esconde en el interior de una familia. Carolina Román, autora y protagonista; Tristán Ulloa, director; Araceli Dvoskin, Noelia Noto y Nelson Dante, coprotagonistas, lo consiguen en Adentro, montaje que ayer vivió su estreno mundial en el teatro Palacio Valdés de Avilés. Un privilegio impagable disfrutarlo los primeros: vibrar, sufrir, reír, emocionarse con la actuación desbordante de un elenco entregado. Una gran ovación, merecida para quienes, con su fenomenal labor, engancharon a los espectadores.

sábado, 28 de marzo de 2015

Reikiavik, Fischer y Spasski, el tablero de la vida




¿Se necesita una excusa para acudir a un teatro a disfrutar de las artes escénicas? Personalmente, creo que no, aunque quizás haya quien las utilice. Si ese fuera el caso, ayer, 27 de marzo, se celebró el día mundial del teatro (con el acertado mensaje del dramaturgo polaco Krzysztof Warlikowski). ¿Y dónde se puede festejar mejor tal efeméride? Por supuesto, disfrutando de una obra. Ese podría haber sido un perfecto pretexto para acercarse. El mío fue otro: el estreno mundial en el Palacio Valdés de Avilés de 'Reikiavik', texto de Juan Mayorga dirigido por él mismo, e interpretado por César Sarachu, Daniel Albaladejo y Elena Rayos. 
 
El teatro engancha y en ausencia genera mono. Se requieren chutes periódicos para alimentar y soltar las riendas de esta adicción. 'Reikiavik' pintaba bien y dejaba las suficientes incógnitas como para querer despejarlas de golpe. También buenas certezas para atraer: autor de prestigio, actores con oficio y conocidos, además de la insana codicia de ser el primero en disfrutar (junto a otros 999) de una función inédita, de saborear la primera vez de los actores... Atrás quedaron los ensayos. (Aprovecho para decir que me gustaría entrevistar a alguno de los amos de la escena en el día después de 'desvirgar' un texto, conocer sus miedos, sus dudas, los pilares a los que se aferran para dar vida a sus sosias).

domingo, 15 de febrero de 2015

Dos mitos, "en el estanque dorado"


Una generación de grandes actores españoles se apaga. La famosa ley de vida, siempre me decía mi madre. El tiempo. Se fueron los Fernando Fernán Gómez, José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Emma Penella, Amparo Rivelles, Rafaela Aparicio... Una estirpe en extinción. Un puñado aún pisa con fuerza las tablas, se coloca ante una cámara con la experiencia y la sabiduría que solo los años conceden, la sapiencia. Concha Velasco, Juan Diego, José Sacristán, Charo López, los Gutiérrez Caba... Y por supuesto, Lola Herrera y Héctor Alterio. 
 
“En el estanque dorado” ha reunido, como un regalo para los aficionados, a dos mitos de la escena española como Lola Herrera y Héctor Alterio (aunque argentino, es tan español como los españoles acogidos en la Argentina).Realmente, la obra se queda en segundo plano si en el cartel figuran ambos A punto de cumplir los 80 años la dama vallisoletana, con nada menos que 85 abriles su compañero. Dos imanes con una fuerza de atracción única. Las ocasiones para deleitarnos con ellos comenzarán a escasear Por eso, hay que aprovecharlas, saborearlas. Y lanzarse a verlos, disfrutarlos en el escenario. Su talento, su máximo saber.
 

martes, 3 de febrero de 2015

Autorretrato de un joven capitalista español

Nunca había visto un monólogo. Me he estrenado.

No se trataba del mítico Cinco horas con Mario, es cierto. Tampoco uno de esos a los que nos hemos acostumbrado por obra y gracia de la televisión, siempre con un único propósito, el humorístico. No era el momento, ni tampoco mi motivación. Una bombilla me atraía como a una polilla, y la fama precedía al montaje. Además, en un uno contra la platea, no siempre se tiene la oportunidad de que ese único ponente sea un tal Alberto San Juan. 
Se deben hacer una serie de consideraciones antes de reflexionar sobre lo que San Juan ofreció en el teatro Jovellanos de Gijón, cuando los previstos 50 minutos, mutaron en unas fulgurantes dos horas ante un público extasiado (la prensa local habló al día siguiente de unos 800 espectadores, con al menos el patio lleno) y entregado al cómico (en su acepción global de actor, no solo intérprete de comedia), que hubiera pedido más, y más, y más. Se le acabó el agua, y se terminó la función, en un abrir y cerrar de ojos de risas, confidencias y asombros. 


jueves, 29 de enero de 2015

Ruz-Bárcenas, reír por no llorar

Informar, formar y entretener, tres preceptos que han de inspirar y mover al buen periodista (al margen de no engañar, sesgar, omitir, trampear...). Asimilables al buen teatro. La función social del mismo ha sido profundamente teorizada. Y ejemplos hay múltiples de su aplicación práctica. Desde Buero Vallejo pasando por Bertolt Brecht, o su utilización como herramienta pedagógica (ideológica) en los comienzos de la revolución soviética (que dejó nombres imprescindibles, como Stanislavski -buena parte del gran cine y sus actores no se entenderían sin él- o el vanguardista Meyerhold). La gran pantalla poco a poco desbancó al teatro como la más popular de las artes en los albores del siglo veinte, entendida en la acepción de “accesible al mayor número posible de bolsillos”. Uno de los divertimientos más comunes en época grecorromana, también en el siglo de oro español, nos ha dejado un sinfín de obras que nos permiten hacer un retrato certero de su tiempo: cómo se vivía, se pensaba, se actuaba (en, y fuera de las tablas), su identidad política, moral, religiosa. 


lunes, 24 de noviembre de 2014

Macbeth, bruma galaica, Los Mácbez

¿Cuántos a lo largo de los últimos decenios han comparado Escocia con Galicia? Quizás todo se acabe en lo verde de los prados, y no haya nada más allá, por más que algunos quieran hermanar en una especie de espiritualidad celta que la historiografía más reciente no acaba de evidenciar... Lo cierto es que las semejanzas actuales son más bien nulas (no vamos a hablar de referendos bien recientes, ni de victorias en elecciones en un lado, el hispano, siempre conservadoras; ni en el otro, el todavía británico, siempre laboristas, nada más opuesto). No obstante, cuando se habla de poder, de corrupción (¿son cada vez más difusas sus fronteras?), de ambición desmedida, no importan ni el tiempo ni el espacio. Y la Escocia que glosara Shakespeare en una de sus obras magnas, Macbeth, bien podría transmutarse a la comunidad autónoma galaica, donde no son tan ajenas las sagas (si últimamente se habla de populistas, lo cercano es hablar de populares...) familiares.


viernes, 21 de noviembre de 2014

"Lluvia constante"

Sergio Peris Mencheta y Roberto Álamo. Foto: http://barcopirata.org


Después de quedarme en el paro (por “incompatibilidad con mi jefe”, matizaron ellos; “porque si no me voy lo...”, pensé yo), encontrar un camino para que mis manos se abalanzasen de nuevo hambrientas al teclado como antes sucedía convirtió en mi principal preocupación. En un fogonazo, recapacité sobre lo que estoy haciendo en este instante, lo mismo exactamente que durante la mayor parte de los días en la última década: escribir. De momento, cambia la temática. Y tengo que darle las gracias a los enormes Sergio Peris Mencheta y Roberto Álamo, detonadores de la chispa que ha encendido en mí la mecha de lo que antes encontraba como una simple afición, y ahora contemplo con otro aire, más angular: cine, cine, cine; teatro, teatro, teatro. 
 
No obstante, la vida es un todo, donde cualquier cosa tiene cabida.