Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Lima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Lima. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de octubre de 2016

De dignidad y escrúpulos. El jurado.



Seis meses dan para mucho. Medio año vuela, y la vida puede desplegarse en un vórtice de novedades... Seis meses sin teatro, desde la maravillosa y entrañable 'El padre'. Y regresar. Por fin. Y por primera vez en mi vida solo, gracias a un inesperado regalo: una entrada para asistir a uno de los éxitos de la temporada, 'El jurado', producido por Avanti Teatro, en un giro temático radical con respecto a su predecesora en las entradas de esta bitácora. Ocasión de disfrutar con buenos y conocidos actores, a las órdenes de uno de los directores más afortunadamente activos y reconocidos, Andrés Lima, y frente a un tema que no puede ser más candente: el retrato, un juicio a la corrupción. Esa que destapó la crisis, cuando dejó de haber reparto, con el dinero de todos, para tanto “qué hay de lo mío”, y las miserias, la basura, comenzó a desbordar las alcantarillas. Una radiografía a esa sociedad que la acogió, miró para otro lado cuando una parte se lucraba a su costa (entre la ignorancia y la indiferencia). Una sociedad que la sufrió y la sufre, mientras algunos desde las alturas tratan de difuminarla y sigue presente. Omnipresente. Un retrato de los escrúpulos, o su ausencia. De una dignidad que se alza sobre la podredumbre cuando esta parece enfangarlo todo y a todos. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Macbeth, bruma galaica, Los Mácbez

¿Cuántos a lo largo de los últimos decenios han comparado Escocia con Galicia? Quizás todo se acabe en lo verde de los prados, y no haya nada más allá, por más que algunos quieran hermanar en una especie de espiritualidad celta que la historiografía más reciente no acaba de evidenciar... Lo cierto es que las semejanzas actuales son más bien nulas (no vamos a hablar de referendos bien recientes, ni de victorias en elecciones en un lado, el hispano, siempre conservadoras; ni en el otro, el todavía británico, siempre laboristas, nada más opuesto). No obstante, cuando se habla de poder, de corrupción (¿son cada vez más difusas sus fronteras?), de ambición desmedida, no importan ni el tiempo ni el espacio. Y la Escocia que glosara Shakespeare en una de sus obras magnas, Macbeth, bien podría transmutarse a la comunidad autónoma galaica, donde no son tan ajenas las sagas (si últimamente se habla de populistas, lo cercano es hablar de populares...) familiares.