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miércoles, 15 de febrero de 2017

Un torbellino sobre las tablas. 'Yo, Feuerbach'.

Pedro Casablanc. Foto: jordicasanovas.net
Un olvidado actor de verborrea torrencial, descontrolada, hemorrágica. Un joven ayudante de dirección, aprendiz inseguro, subalterno orgulloso. Con estas premisas, prepárense para un duelo sobre las tablas que se revelará apasionante, entre un veterano situado en el Olimpo por talento y sabiduría, y un joven antagonista que levanta firme el vuelo. Entre un Pedro Casablanc curtido y victorioso en mil batallas, y un Samuel Viyuela que acepta el reto de plantarle réplica al gigante y sale fortalecido tras aguantarle airoso el tipo, el cuerpo a cuerpo. Predicciones y certezas certificadas tras disfrutar de 'Yo, Feuerbach' (pronúnciese foyerbaj). Una reflexión sobre la profesión de actor. Sobre el oficio, pero también un repaso al correr del tiempo y sus consecuencias, el mercado actoral, por qué no, el laboral, las insondables diferencias generacionales, en apariencia insalvables... En apariencia. El dramaturgo y director Jordi Casanovas ha adaptado el texto de Tankred Dorst, y Antonio Simón, dirige. 
 

jueves, 29 de enero de 2015

Ruz-Bárcenas, reír por no llorar

Informar, formar y entretener, tres preceptos que han de inspirar y mover al buen periodista (al margen de no engañar, sesgar, omitir, trampear...). Asimilables al buen teatro. La función social del mismo ha sido profundamente teorizada. Y ejemplos hay múltiples de su aplicación práctica. Desde Buero Vallejo pasando por Bertolt Brecht, o su utilización como herramienta pedagógica (ideológica) en los comienzos de la revolución soviética (que dejó nombres imprescindibles, como Stanislavski -buena parte del gran cine y sus actores no se entenderían sin él- o el vanguardista Meyerhold). La gran pantalla poco a poco desbancó al teatro como la más popular de las artes en los albores del siglo veinte, entendida en la acepción de “accesible al mayor número posible de bolsillos”. Uno de los divertimientos más comunes en época grecorromana, también en el siglo de oro español, nos ha dejado un sinfín de obras que nos permiten hacer un retrato certero de su tiempo: cómo se vivía, se pensaba, se actuaba (en, y fuera de las tablas), su identidad política, moral, religiosa.