viernes, 29 de julio de 2022

Monument Valley

 

 

Huellas de dedos salpican la portada desgastada, de la grupa al sombrero. Manchas de grasa de las máquinas, del aceite de las sardinas que resbala por el bocadillo recién hecho. Los hidrocarburos aromáticos se confunden con el olor del tabaco negro, impregnando las páginas amarillentas, mil veces pasadas en un trasiego interminable de manos rudas, de continuos intercambios en el kiosco del barrio. Perseguidos por una banda de cuatreros, los vaqueros vadean el Pecos sin descabalgar de sus monturas. Resuenan mugidos, estallan disparos, repiquetean atronadores los motores de la fábrica que nunca descansa. Los indios danzan en corro enfundados en mahón y se calientan junto al fuego del turno de noche; han logrado sobrevivir al día. Bajo el manto estrellado, en el Monument Valley de chimeneas infinitas, las sirenas anuncian una nueva descarga: el coque se derrama incandescente sobre los vagones chirriantes del caballo de metal. Vuela la pausa. Se sacia el hambre. Se aplaca el cansancio. Se guarda el libro. Oculto en la bolsa, Marcial Lafuente Estefanía espera mañana, otro voraz viaje al Oeste en medio del trabajo.