Actualidad teatral

sábado, 30 de diciembre de 2023

Continente María. Cuando actuar es vivir

 

Melania Cruz                                               Continentemaria.gal

Se hace la oscuridad, envuelve el escenario, la platea. Melania coloca una silla. Se sienta. Sujeta con su mano izquierda un cigarrillo, quizás un Gitanes que cantaría Moustaki. Lo prende con el mechero que guarda en la derecha. Una calada. El cigarrillo. El humo. El silencio. Melania empieza a hablar. Dónde está. Sentada en la penumbra, hay otra mujer. Es Melania. Es María. Se confunden. Las eses tan coruñesas y mitad francesas. Las erres tan francesas y en ella tan gallegas. La voz, música ronca de mil cajetillas, de mil vidas. Quién es quién. Cuánto trabajo hay ahí. Cuánto amor por María. Están las dos… María Casares. Melania Cruz. Continente María.
 

 “Actuar es vivir”

Melania, pequeñita, se vuelve inmensa. María, pequeñita, lo llena todo. “Actuar es vivir”, dice. Dicen. El teatro es memoria, es recuerdo, es historia. Es sobre todo presente, el ahora. Es necesario. Y María es Melania. Y Melania es María.

Suena un acordeón, un piano, una guitarra, es Vadim Yujnevich. Se retuerce el fascismo en un siniestro “Ya hemos pasao”. Ahogado un grito.  María ha pasado de la multitud hoy jaleante en su calle Panaderas coruñesa, mañana asaltada por el nazismo hispánico de los vencedores. “Estos mismos me tirarán naranjas”, dice su padre, Santiago Casares Quiroga. El Madrid palpitante, el Madrid resistente, el Madrid de la República, finalmente vencido, la huida. Francia. Refugiados privilegiados. Refugiados, al fin y al cabo. Los emigrantes, los refugiados, no tienen patria. Ni la que dejaron, ni la que los recibe.

 


Cuántas vidas ha vivido María. Cuántas ha dejado atrás. Sólo sé que está ante nosotros. O es Melania. O es María. Qué importan los nombres. Ni Camus, ni Picasso. Quien sea. Es María. Son sus mil vidas. Su desgarro contra la desgracia y la injusticia. “¡Guarda tus gritos para España!”, le dice su madre. Gritos por las mujeres humilladas, en un país colaboracionista (¡ay la cobardía!) que hace bandera de la resistance. Pero ellas solo son culpables de intentar vivir...

 

Melania y Vadim                                                      continentemaria.gal

“Guarda tu grito…”. El coraje de María, por los argelinos masacrados y los fascistas subiendo al escenario. Es María, es Melania, quien los enfrenta, quien los amedrenta y los hace huir. Resistance… Genet, Brecht, Ionesco, Brook… Camus, qué más da. Todos quieren a María, dueña de sí misma, ama de las tablas…

Quién es María, quién es Melania. Dónde queda el castellano. Dónde asoma el gallego. Buenos Aires, Margarita Xirgu, la emigración, el exilio galaico. Quién es María, quién es Melania. Quiénes son los suyos. ¿Su patria dónde está? La patria es la palabra, la lengua, ¡la memoria!, el recuerdo vestido de Melania. El acento. La saudade.

 


Y se muere el tirano, el Franco impuesto por el capital y la monarquía hispánica. Y María vuelve. 1976, Rafael Alberti, “El adefesio”. Ella, María, la más grande. “Tienes que quitar el acento gallego para triunfar en Madrí…”. Ella, la más grande. María, Melania. Dónde están los míos, dónde mi casa. La patria son los muertos, los ausentes, los borrados. “¿Y los míos?”… María, Vitoliña, los tuyos están en Francia, papá, mamá, Camus… Qué te ha dado España…

“Para qué volver. Quién me recuerda”. Vadim; Tito Asorey, que dirige;  Marianella Morena, que escribe. Melania Cruz, que pone su cuerpo, que pone su amor. Y quién más. La más grande. Qué monumentos, nada te recuerda. Qué país es este que rechaza su historia, su cultura, la cultura de los perdedores.


 

Pero Melania. Pero Tito, Vadim, Marianella, Aine, A Quinta do Cuadrante, recuerdan que María es un continente, de voz, de lucha, de resistencia, de fuerza sin medida. Y Melania es un océano que besa sus orillas con agarimo y ternura. Con el respeto de quien sigue el hilo de la historia y lo hilvana, y lo teje con mimo. Tan unidas por la vida y el talento. Y la música, ¡la música!, volar en el patio de butacas… Libre como María.

Gracias María. Gracias, Melania.

(Y gracias por haberme dejado entrar a vuestros camerinos en el Teatro Prendes de Candás y agradeceros que me hicierais feliz durante dos horas).